Eres la
chica que veo
cada vez que
imagino
todo lo que
dicen las canciones;
eres una
diosa,
eres una
puta,
eres el amor
de mi vida
No sé a quién
le pediste permiso
para
quedarte
escondida en
una parcela de mi memoria
donde tienes
hasta código
postal propio.
Qué droga
había en tus caderas
que si se
separaban de las mías
el síndrome
de abstinencia
pedía sitio
en mi mesa
para comer
conmigo
y contigo
que siempre
te guarde un plato,
esperando a
que llegases para cenar
aunque
avisaras diciendo que llegarías tarde,
muy tarde,
con tus
vestidos raros
y tus labios
pintados
de algún
color exótico,
parada en el
quicio de la puerta,
mirando mis
ojos
como un amo
mira a su
perro,
como una
bala
al suicida,
como las
ganas
a los actos,
como si
tuvieras
el poder que
siempre tuviste.
Javier González
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