Nos miran.
A él y a mí,
con las
frentes tan juntas
que nadie
comparte el auto-control
No tiene
nombre, solo peligro.
Todos temen
por mí,
porque no
saben qué es estar
mirando a
esa criatura a los ojos
tan cerca
que solo ves
un enorme ojo
desenfocado.
Y aún así no
te apartas,
das el
primer golpe
también los
primeros quince
y la bestia
cae.
Se revuelve
pero ya está acabado
y no hay
golpe suyo que te haga daño
ni tuyo que
lo deje levantarse.
Aunque
acabes en el suelo,
siempre
estarás arriba.
Por encima de
los golpes,
por encima
de las miradas,
y por encima
del puto miedo.
Javier González
No hay comentarios:
Publicar un comentario