Un
recuerdo
A veces recuerdo tus ojos
vivos y curiosos
como flotando
en un mar de piedras preciosas,
clavados en mí
como si no hubiera nada más,
mirándome, agachada
como esperando que no me marchase.
Y no me he marchado, nunca lo he
hecho.
Me quedé ahí, en ese recuerdo
recluido en tu piel pálida,
intentando calentar
tus manos frías con mi cuerpo
y mis besos.
Atrapado en tu locura
pero enganchado
a ver tus labios hinchados cuando
despiertas
llenando de perfume toda la cama.
O a recorrer cada una
de tus curvas blancas
como si tuvieran un mapa tatuado
que me llevase a ver estrellas en tu
rostro
con las que orientarme en la
oscuridad,
que nunca hubo noche cerrada
que le hiciera sombra al tacto de
tus piernas,
ni luz
que le sentase mal a ese perfil
radiante,
encerrado
en ese recuerdo
de tus ojos vivos y curiosos.
Javier González
No hay comentarios:
Publicar un comentario