Aguarrás y matarratas
Anoche bebí,
bebí tanto.
sé que no volveré hacerlo.
destrocé un hígado
no se cuantos tenemos,
ni si todavía tengo uno.
cualquier bebida me consumía
a la vez que yo a ella.
una mezcla perfecta de
desinfectantes con refrescos.
y pude verte.
a través de la cristalera sucia
más allá de la barra
donde raspaba mis codos
para poder seguir tragando.
te vi pasar,
como quien ve
algo en llamas,
a toda velocidad,
pasar por delante de su propia cara
sin darse cuenta.
se que eras tú.
pero deje de verte,
para mirar perdidamente
esa barra de madera
antigua y seca.
con surcos y firmas anónimas
de otros que se sentaron
a beber durante horas,
como si el alcohol no doliera.
otros que una vez
creyeron ver pasar
a su mujer en llamas.
de pronto lo entendí;
firme mi nombre en mayúsculas,
bien grande,
el más grande de todos.
en una lápida,
cambiante.
llena de nombres perdidos.
de tantos perdedores.
llena de nombres perdidos.
de tantos perdedores.
Miguel Olivencia
No hay comentarios:
Publicar un comentario